Un grupo de cinco buzos expertos italianos murió en una cueva submarina del atolón de Vaavu, en las islas Maldivas. Hasta el momento, solo se ha recuperado el cuerpo de Gianluca Benedetti, capitán del yate en el que viajaban, mientras continúan las tareas de búsqueda de los demás cuerpos. Los familiares de las víctimas manifestaron su dolor y preocupación por las versiones confusas que circulan en los medios.

Las autoridades identificaron a las víctimas como Monica Montefalcone, bióloga marina de 51 años; su hija Giorgia Sommacal, de 22; Muriel Oddenino, de 31; Federico Gualtieri, de 31, ambos alumnos de Montefalcone y recién graduados en biología marina y ecología; y el capitán Gianluca Benedetti, de 44 años.
Los cinco viajaban a bordo del Duke of York, un yate equipado para buceadores que desean realizar varias inmersiones diarias. En total, había otras 20 personas en el barco, pero este grupo estaba allí para un proyecto de investigación científica sobre la conservación de los corales.
Carlo Sommacal, esposo de Monica y padre de Giorgia, recibió la noticia de la desaparición de su esposa e hija el jueves por la tarde. Las autoridades maldivas le indicaron que no mantuviera expectativas de supervivencia, pero él permanece a la espera de novedades. En diálogo con el diario El Mundo, expresó su dolor y rechazó las versiones erróneas que circulan: “Estoy harto de oír mentiras sobre la tragedia que involucra a mi esposa y a mi hija”.
“Cada vez que vibra mi teléfono, espero que sea Mónica, diciéndome que está sana y salva en algún atolón remoto con nuestra hija, que estuvieron atrapadas en una burbuja de aire o algo así; aunque me dijeron que ya no hay esperanzas de supervivencia, yo no me doy por vencido”, afirmó.
Según informes preliminares, el cuerpo del capitán fue encontrado con el suministro de oxígeno vacío. Las autoridades sospechan que el grupo quedó atrapado en la cueva y falleció cuando se terminó el tanque. No obstante, Carlo descartó que su esposa haya incumplido las regulaciones de inmersión: “Jamás tomaría riesgos ni pondría en peligro a nuestra hija ni a nadie; todos los que estaban con ella tenían las certificaciones necesarias”.
Carlo destacó que no se trataba de unas vacaciones, sino de una expedición científica. “Mónica estudiaba los corales, arrecifes y los efectos del cambio climático; recopilaba datos y los publicaba en revistas científicas. Las Maldivas eran su segunda casa, incluso nos casamos allí”, señaló.
“La preparación de Mónica me mantiene con esperanza hasta el último momento. Es una de las mejores buceadoras del mundo, concienzuda, extremadamente bien preparada y meticulosa”, agregó.
También rechazó versiones que indican que buceaban en mal tiempo: “Ella jamás habría aceptado ir si el clima no era favorable. Algo debió ocurrir ahí abajo, tal vez un problema con el oxígeno, pero espero que las autoridades me informen”.
Respecto a los alumnos que acompañaban a Monica, aclaró que no mantenía una relación convencional profesor-alumno, sino una estrecha relación de cuidado. “Para ella eran como hijos. Haría cualquier cosa para salvar a alguien; no habría abandonado a nadie. En ese grupo existía una alianza muy fuerte”, afirmó.
Carlo también habló sobre su hija Giorgia, a punto de graduarse en ingeniería biomédica. “Ayudaba a Mónica con la toma de muestras, era como su secretaria, y no era la primera vez que buceaba con ella. Hicieron más de 500 inmersiones juntas; vivían en simbiosis, Giorgia seguía los pasos de su madre”, relató.
Recordó que Monica sobrevivió al tsunami de 2004 mientras estaban de luna de miel en Kenia. “Mónica y otros dos buceadores estaban sumergidos cuando pasó. Se aferraron unos a otros y emergieron rápidamente; solo tenían dos opciones: morir o arriesgarse a morir”, contó. “Aunque salir rápido a la superficie puede ser peligroso, Mónica sufrió microinfartos pulmonares, se recuperó y volvió a bucear. Esa es mi esposa”, añadió.
La describió como “una sirena”, señalando que el agua era su verdadero medio. “Tenía 64 latidos en tierra y 48 bajo el agua. Nunca la vi entrar en pánico. El mar no era una pasión, era su vida”, aseguró.
Además, Monica era madre de Matteo, hermano de Giorgia. Carlo expresó que su hijo sufrió mucho al escuchar reportes erróneos sobre el hallazgo del cuerpo de su madre: “Hablé con la embajada y el único cuerpo recuperado es el del capitán Gianluca; mañana continuarán la búsqueda”.
“Perdí dos pilares de mi vida al mismo tiempo. Desde el jueves estoy sobreviviendo a base de cigarrillos y adrenalina. Sé que el colapso llegará, pero ahora intento no rendirme por mi hijo Matteo”, concluyó.
Por otro lado, las autoridades confirmaron la muerte del sargento mayor Mohammed Mahdi, uno de los ocho buzos que participaban en la misión de recuperación, quien falleció durante el tercer día de operaciones en el atolón de Vaavu. En un comunicado, el ejército maldivo rindió homenaje a su valentía y sacrificio, expresando sus condolencias a su familia y compañeros.
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